Trece - Museo de la Automoción y Pozo de Nieve
Considerado como uno de los principales centros culturales de Salamanca y el primer museo público de nuestro país dedicado al motor, se inauguró en 2002 por SS. MM. los Reyes de España. Como el museo se encuentra rodeado de las zonas más emblemáticas de la ciudad (junto al Puente Romano y frente al Archivo Histórico Nacional de la Guerra Civil, la Catedral y el Museo Art Decó Art Nouveau Casa Lis), el visitante también puede disfrutar de unas magníficas vistas de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad. El espacio expositivo se encuentra en una construcción de finales del siglo XIX, usándose inicialmente como una curtiduría de embutidos y después como la segunda central eléctrica de la ciudad (conocida desde entonces como la “Fábrica de la luz”).
Su principal objetivo es mostrar la evolución del diseño del automóvil desde los primeros intentos de mecanización, en el Siglo I a.C., hasta la actualidad y, en ocasiones, hacia el futuro, gracias a la presencia de prototipos. Así, un total de 3.450 m² repartidos en tres plantas, acogen vehículos con un gran significado para la historia de la automoción pertenecientes a las prestigiosas marcas Rolls Royce, Hispano Suiza, Pegaso, Jaguar, BMW, Cadillac, MG y Mercedes – Benz, y a otras más populares como Ford, Buick, Citroën, SEAT y Fiat. ¿Te apetece echar un vistazo? Aprovecha y ven de forma gratuita el primer martes de cada mes en horario de tarde. O si no, mata dos pájaros de un tiro y visita al mismo tiempo la Casa Lis en una entrada conjunta por el inigualable precio de 5 euros. A la venta en la Oficina de Turismo y ONLINE: WWW.SALAMANCAYMAS.ES
Por si fuera poco, cabe destacar que está perfectamente cubierto por una bóveda donde la pizarra es absoluta protagonista. A su vez, tiene una ligera pendiente desembocando en un pequeño conducto con el objetivo de permitir el drenaje del agua de fusión. Pero no solo veremos el pozo en nuestro recorrido, también podremos admirar parte de la antigua muralla medieval de Salamanca, las caballerizas y los restos de la torre nordeste del Convento de San Andrés. Y, sobre todo, las misteriosas galerías subterráneas, que es lo que más llama la atención. De origen y función inciertos, sumergen al visitante hasta las profundidades de la tierra, además de hacerlo viajar en el tiempo debido a la cerámica y alfarería de la que están compuestas.








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