El ascenso anual de El Mariquelo por la torre de la Catedral Nueva


Mariquelo de SalamancaExiste una tradición en Salamanca que tiene un origen muy especial. El 1 de noviembre (día de Todos los Santos) de 1755 (año en que se terminaba la Plaza Mayor), un terremoto brutal asolaba Europa desde el Atlántico: era el Terremoto de Lisboa, llamado así por tener su epicentro a escasos 300Km de la capital lusa. Se calcula que cerca de 100.000 personas pudieron perder la vida en aquella catástrofe. Y como no podía ser de otra manera, dada la proximidad entre Lisboa y Salamanca, nuestra ciudad sufrió también los efectos de aquel seísmo. Gran parte de la población, muy asustada, temiendo - como era costumbre por entonces - que se tratara del fin del mundo, buscó refugio dentro de la Catedral Nueva (finalizada apenas 22 años antes), tal vez creyéndose llamada por las campanas, que sonaban sin intervención humana por el movimiento del suelo. Muchas de las imágenes que formaban parte de la fachada se fueron al suelo y la torre - una de las más altas de la península - se inclinó ligeramente, disparando el pánico de la gente. Pero ahí acabó todo: nadie murió y la torre se mantuvo en pie (eso sí, después se iniciaría un largo debate sobre si la torre debía tirarse o no, como manera más segura de alejar el peligro de un derrumbamiento incontrolado; final y felizmente, se optó, con acierto, por apuntalarla con un fuerte recubrimiento de piedra lisa que todavía puede contemplarse hasta la parte más alta de la torre).

El cabildo de la ciudad decidió que a partir de entonces, cada 31 de octubre, víspera de la conmemoración del evento, una persona subiría a la campana más alta - sólo accesible desde el exterior - para dar gracias a Dios por su intervención protectora en aquella fecha y para medir también la inclinación de la torre, en prevención de que evolucionara y aumentara (cosa que no sucedió, tras el apuntalamiento). Los encargados de hacerlo serían los Mariquelo, familia a cargo del cuidado de las catedrales, y esta función, que pronto derivó en tradición, la mantuvieron hasta 1976, año de la retirada del último descendiente de la saga (Fabián). Después siguieron 9 años de parón; la tradición parecía abocada a su desaparición. Pero en 1985, Ángel Rufino de Haro, tamborilero de la ciudad, decidió tomar por fin el relevo y convertirse en el nuevo Mariquelo, con lo que el nombre pasó de ser el propio de un apellido a ser el de un personaje propio de la tradición local, casi un título honorífico.

El recorrido del Mariquelo cada 31 de octubre rememora al que hacían los Mariquelo originales de antaño y es el siguiente: sale por la mañana, a la grupa de un caballo, de la iglesia del Arrabal, en las afueras de Salamanca; se dirige a la Plaza Mayor, donde congrega a la población para que lo siga después, ya hacia la Catedral Nueva, por cuya torre ascenderá después, por niveles. Llegado al nivel superior (megáfono en mano), entona una oración y un pequeño discurso, en lo que supone el culmen de la celebración.

Este año, al estar la Plaza Mayor ocupada todavía por la Feria Municipal del Libro Antiguo y de Ocasión, el recorrido se ha modificado ligeramente y la congregación popular ha tenido lugar en la Plaza de Anaya, al lado mismo de la Catedral ya.

Puedes ver más información sobre la tradición del Mariquelo en su sitio web oficial: http://mariquelo.salamanca.org/

Desde los balcones de Tía Tula puede verse este ascenso, año tras año. Ventajas de estar situados a menos de 50 metros de la Catedral... Sin embargo este año nos lo hemos perdido porque, claro, el 31 caía en domingo... El año que viene caerá en lunes, así que volveremos a asomarnos para verlo. ¿Te apuntas?

(Imagen superior tomada de TRIBUNA.net).




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