miércoles, 27 de marzo de 2013

Viaje a Béjar

El mes pasado visité Béjar con otros estudiantes de Tía Tula. Béjar es un pueblo de Salamanca. Queda a solamente hora y cuarto de la ciudad así que es ideal para visitarlo en un solo día. En total íbamos cinco personas, todas de paises diferentes, lo que resultó muy interesante (Japón, Inglaterra, Corea, República Checa y Bélgica). Lo que más me gustó de Béjar fue que es una ciudad donde no hace mucho frio, pero cuando miras hacia arriba puedes ver montañas llenas de nieve alrededor de ti y hasta puedes esquiar allí.
 

Ahí hay un lugar turístico, que se llama Cámara Oscura, que yo recomiendo a todo el mundo. Es una actividad muy interesante, visitarlo. Todos teníamos que ir a un cuarto oscuro y una de los torres tenía la forma de un objetivo de una cámara. Desde dentro del cuarto la guía podía mover el objetivo para acercar la vista asi que lo podíamos ver mejor. La entrada al museo costaba solamente € 1,50, así que valió la pena.
 
Algo más que me gustó de este pueblo fueron las murallas, construidas en el siglo XI. Durante el camino que hicimos por las murallas, tomamos muchas fotos.
 
En este barrio también vi una antigua fábrica, con ventanas rotas. Parecía como uno de estos lugares estrechos que siempre salen en las películas de miedo. Me fascina ver este tipo de edificios. Y no era el unico edificio siniestro que encontré allí. ¡También habían muchas casas antiguas desocupadas que me parecieron horripilantes!
 
Para terminar este artículo me gustaría hablar del restaurante, que se llamaba La Antigua Posada Del Peso, donde comimos. Por solamente 10 euros nos ofrecieron un almuerzo riquísimo de 3 platos. Había un surtido muy  variado y fue difícil decidir qué comer. Como no sabíamos qué elegir, el dueño nos trajo un tipo de arroz especial para ‘ayudarnos a elegir’. Al final comí lasaña, calamares y mejillones tigres. Después de esto el dueño del restaurante nos ofreció un plato con todos los postres que tenía. Toda la comida estaba hecha por él mismo y estaba deliciosa. La comida, la hospitalidad y las bromas del dueño (¡que también estaban incluidas!), valieron cada euro que nos costó. Espero que algún día pueda volver a comer allí.
 
¡Fue un día maravilloso!
 
 

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