Los 20 sitios más emblemáticos de Salamanca
(de visita obligada)

Una parada
breve que puedes hacer durante tu estancia en Salamanca (no por ello exenta de
belleza) es el Palacio de La Salina, conocido
también como el Palacio don Rodrigo de Messía o de Fonseca. ¿El motivo? Cuenta
con un fascinante patio que está abierto al público de forma gratuita y
en horario continuo de lunes a domingo de 10:00 a 21:00 h. Este
palacete de estilo plateresco, que fue construido en 1538, se utilizó antiguamente como almacén de sal, de ahí su nombre.
Aunque también fue casa de vecinos,
llegándose a construir un piso entre los grandes arcos de la fachada, actualmente y desde 1884 acoge las
instalaciones de la Diputación Provincial.
Situado en la
calle San Pablo, perteneció a
Don Rodrigo Messía,
señor de La Guardia, casado con Doña Mayor de Fonseca, quien ordenó construirlo
al famoso arquitecto
Rodrigo Gil de Hontañón. Mientras que la historia sostiene eso,
no
han faltado leyendas que adornasen el origen de esta mansión señorial, como
la que cuenta
la venganza del arzobispo de Santiago,
Alonso II de Fonseca. Parece ser que este
llegó a Salamanca
con su amante doña María de Ulloa, la que
no fue bien acogida ni hospedada
por la nobleza local.
Alonso,
molesto,
juró que mandaría construir
para su dama el palacio más bello de toda la ciudad, donde caricaturizaría
a los nobles por su mal comportamiento. Y como dijo el escritor
José Sánchez Rojas, así surgió este Palacio
, “por estos caprichos del arte y del amor”.
Del conjunto destaca, como no podía ser de otra forma, la bellísima fachada, decorada con medallones, escudos, y una cornisa con ángeles. Consta de una galería de ocho arcos de medio punto, que imitan al Palacio de Monterrey, y un espléndido pórtico de cuatro arcos, entre los que sobresale el derecho por ser más estrecho. Este pórtico sorprende, como señala Julián Álvarez Villar en el libro El Palacio de La Salina de Salamanca, por establecer conexiones con palacios italianos boloñeses. Por su parte, en el segundo cuerpo encontramos tres ventanas adinteladas entre columnas y un medallón central, junto a figuras vegetales, humanas y animales.

De la fachada, llegamos al patio interior de trazado irregular, resultado de dos épocas (gótica y renacentista); por lo que podemos observar rasgos distintivos de ambas. La parte gótica corresponde a la zona del fondo y se compone de dos pisos de arquerías, similares a los de la Casa de las Conchas, si bien en La Salina los arcos inferiores aportan más luz. En la parte superior, observamos cuatro arcos, uno de ellos partido en dos, con escudos de los apellidos Messía-Fonseca, Fonseca, Toledo y Ponce de León, delatando los orígenes y lazos de unión de los propietarios.
Sin embargo, la obra renacentista, que constituye
parte del ala izquierda, llama
especialmente la atención; pero,
¿por qué? Hay una galería de madera sostenida por figuras que
se retuercen con una expresión dramática y angustiosa en sus rostros. Según
el autor de El Palacio de La Salina de
Salamanca, estas ménsulas humanas
encajan perfectamente con el
repertorio plateresco presente en las zapatas y capiteles del convento de Las Dueñas. Al tratarse de un espacio muy ligado a las
leyendas, han sido mucho los que han creído que los personajes de las
ménsulas son los nobles que rechazaron dar hospedaje a María de Ulloa. Por
ello, habrían sido condenados a ese
esfuerzo permanente de soportar el edificio; aunque Álvarez Villar echa por
tierra estas fantasías. Ahora ya conoces su historia, ¿te animas a visitarlo?
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