CATORCE - PALACIO DE LA SALINA

Los 20 sitios más emblemáticos de Salamanca
(de visita obligada)

Una parada breve que puedes hacer durante tu estancia en Salamanca (no por ello exenta de belleza) es el Palacio de La Salina, conocido también como el Palacio don Rodrigo de Messía o de Fonseca. ¿El motivo? Cuenta con un fascinante patio que está abierto al público de forma gratuita y en horario continuo de lunes a domingo de 10:00 a 21:00 h. Este palacete de estilo plateresco, que fue construido en 1538, se utilizó antiguamente como almacén de sal, de ahí su nombre. Aunque también fue casa de vecinos, llegándose a construir un piso entre los grandes arcos de la fachada, actualmente y desde 1884 acoge las instalaciones de la Diputación Provincial.

Situado en la calle San Pablo, perteneció a Don Rodrigo Messía, señor de La Guardia, casado con Doña Mayor de Fonseca, quien ordenó construirlo al famoso arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón. Mientras que la historia sostiene eso, no han faltado leyendas que adornasen el origen de esta mansión señorial, como la que cuenta la venganza  del arzobispo de Santiago, Alonso II de Fonseca. Parece ser que este llegó a Salamanca con su amante doña María de Ulloa, la que no fue bien acogida ni hospedada por la nobleza local. Alonso, molesto, juró que mandaría construir para su dama el palacio más bello de toda la ciudad, donde caricaturizaría a los nobles por su mal comportamiento. Y como dijo el escritor José Sánchez Rojas, así surgió este Palacio, “por estos caprichos del arte y del amor”.



Del conjunto destaca, como no podía ser de otra forma, la bellísima fachada, decorada con medallones, escudos, y una cornisa con ángeles. Consta de una galería de ocho arcos de medio punto, que imitan al Palacio de Monterrey, y un espléndido pórtico de cuatro arcos, entre los que sobresale el derecho por ser más estrecho. Este pórtico sorprende, como señala Julián Álvarez Villar en el libro El Palacio de La Salina de Salamanca, por establecer conexiones con palacios italianos boloñeses. Por su parte, en el segundo cuerpo encontramos tres ventanas adinteladas entre columnas y un medallón central, junto a figuras vegetales, humanas y animales.

De la fachada, llegamos al patio interior de trazado irregular, resultado de dos épocas (gótica y renacentista); por lo que podemos observar rasgos distintivos de ambas.  La parte gótica corresponde a la zona del fondo y se compone de dos pisos de arquerías, similares a los de la Casa de las Conchas, si bien en La Salina los arcos inferiores aportan más luz.  En la parte superior, observamos cuatro arcos, uno de ellos partido en dos, con escudos de los apellidos Messía-Fonseca, Fonseca, Toledo y Ponce de León, delatando los orígenes y lazos de unión de los propietarios.

Sin embargo, la obra renacentista, que constituye parte del ala izquierda, llama especialmente la atención; pero, ¿por qué? Hay una galería de madera sostenida por figuras que se retuercen con una expresión dramática y angustiosa en sus rostros. Según el autor de El Palacio de La Salina de Salamanca, estas ménsulas humanas encajan perfectamente con el repertorio plateresco presente en las zapatas y capiteles del convento de Las Dueñas.  Al tratarse de un espacio muy ligado a las leyendas, han sido mucho los que han creído que los personajes de las ménsulas son los nobles que rechazaron dar hospedaje a María de Ulloa. Por ello, habrían sido condenados a ese esfuerzo permanente de soportar el edificio; aunque Álvarez Villar echa por tierra estas fantasías. Ahora ya conoces su historia, ¿te animas a visitarlo?

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