jueves, 20 de septiembre de 2018

Más que un idioma

¡Hola a todos! Me llamo Consuelo y soy una estudiante de idiomas de Italia. Llevo unos meses viviendo en Salamanca, ciudad que ya conocía y que había visitado otras veces. Te voy a dejar unas pautas para aprender una lengua y, más específicamente, el castellano.

Ante todo, el aprendizaje de un idioma es la clave para acceder no solo a un conjunto de reglas, verbos y palabras, sino a una cultura, a una nueva manera de ver y percibir la realidad. En efecto, a un mundo. La lengua siempre está relacionada con la tradición y la historia de un país, por esto no es suficiente saber de memoria todas las excepciones y las peculiaridades. Hay que vivir el idioma. 

¿Cómo se hace? Bueno, no es que se pueda aprender a hablar de un día para otro. Lo primero que recomiendo es que se siga practicando cuando sea posible. Los resultados requieren esfuerzo y paciencia, pero te aseguro que la satisfacción y la gratificación que genera al oír a un nativo decir: “¡Pensaba que eras español/a!”, no tienen precio.

No quiero asustarte: estudiar no es sinónimo de quedarse en casa todo el día con un libro de gramática. Por supuesto, una mínima parte sí, pero hay muchas maneras de aprender divirtiéndose. Veremos algunas de ellas. Para empezar, hablo desde mi punto de vista: para manejar cada uno de los idiomas que conozco he necesitado oírlos y hablarlos.

Lo primero, equivocarse es lo más normal. Si nunca cometieras un error no estarías aquí para aprender, ¿no? Así que no hay que tener miedo: con que intentes hablar de manera clara, la gente te va a entender. No te quiero asustar si alguien te corrige, siempre se aprende algo nuevo. De todas formas, si estás en España para aprender el idioma, ¡tienes mucha suerte! Ya que puedes practicarlo con todos. Estudiar en el extranjero no es lo mismo que tener la oportunidad de comunicarse con nativos constantemente. Por lo tanto, aprovecha.

Otro “truco” para que el aprendizaje se desarrolle de manera más relajada, es la constancia. Sí, es verdad que a veces cuesta dedicar un tiempo a los deberes de cada día y lo entiendo perfectamente, a mí también me pasa y además Salamanca es tan bonita que sobre todo con el buen tiempo tengo muchas ganas de salir. ¿Y dónde está el problema? Lo que me asombra (y me encanta) de esta ciudad es el inmenso abanico de posibilidades, puedes elegir entre un montón de opciones. Si te apetece hablar mientras tomas algo, pues hay intercambios lingüísticos en bares, como en Manolita Café-Bar. Que no, el cine es otra buena idea.

Para mejorar tu nivel más rápidamente, es muy eficaz leer y ver películas y series. En Salamanca hay muchas librerías, algunas de segunda mano, ferias y Días del Libro en los que se encuentran ocasiones imperdibles, está la biblioteca pública de la Casa de las Conchas y además la escuela en la que he estudiado (Tía Tula Colegio de Español) ofrece la posibilidad de coger libros y pelis durante un periodo de tiempo. 

De todas formas, te recomiendo una serie que he visto y sigo viendo, me gusta mucho y me ha ayudado para mejorar mi nivel de comprensión auditiva: “Las Chicas del Cable”. Se ubica en el entorno interesante de un Madrid de los años 20 en la que las mujeres no gozaban de los mismos derechos que los hombres, pero sí tenían ganas de cambiar las cosas y deseaban la libertad. No te voy a contar más: si quieres descubrir lo que les va a ocurrir a las cuatro protagonistas, la serie está en Netflix (con subtítulos también) y ha tenido mucho éxito en todo el mundo.

Pasemos a lo más teórico: los estudiantes extranjeros tenemos tendencia a traducir directamente de nuestro primer idioma y a veces “suena la flauta” (acertamos por casualidad), otras veces es un fracaso total. Por esto hay que tratar de evitarlo y empezar a pensar en español. 

Y además, el acento. Eliminar los rasgos característicos de nuestras lenguas y adquirir la perfecta pronunciación como si fuéramos nativos es lo que más práctica requiere. Escuchar canciones (la riqueza musical de España y Latinoamérica es increíble. De hecho, yo me apasioné del español cuando tenía 12 años con las canciones de Shakira y ahora, después de ocho años, aquí me encuentro, ¡en Salamanca!), ver películas y sobre todo hablar y hablar es lo que más ayuda, pero aquí te dejo unos consejos para acercarte… pues, al “español español”. 

La “D” no es dura como en muchos otros idiomas. Si tomamos el inglés como ejemplo, la d española se parecería más al sonido “th”. En otras palabras, suena más suave.
La “C” delante de e e i suena como una “Z”. No hay diferencias. Lo mismo pasa con “B” y “V”, que son dos letras diferentes pero tienen exactamente el mismo sonido.

Además, para un español es más común decir “vale” en lugar de “ok”. Significan lo mismo, pero todos usan el primero… ¿vale?

(Otro rasgo que a muchos extranjeros nos puede parecer quizás maleducado – pero es absolutamente normal – es el gran uso de las expresiones de exclamación. Sí, estoy hablando de las palabrotas. Aunque en otros países se consideren vulgares y no se suelan oír en el medio de una conversación, en España es bastante común, es decir, no es tan grave).


En definitiva, hay un proverbio checo que dice que “vives una vida nueva con cada idioma que hablas” y es verdad, sin ninguna duda. El conocimiento de una lengua que no sea la vuestra os abre la puerta a una nueva aventura, a la gente y a los lugares, a la mentalidad. Ofrece nuevas perspectivas y oportunidades de tener amigos en cualquier lugar del mundo y el español, ya que es la segunda lengua con más hablantes tras el chino, es una excelente elección. No te arrepentirás.

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