martes, 27 de agosto de 2013

Corría el año 1789

El 26 de agosto la Asamblea Nacional Constituyente francesa aprobaba la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
Este documento definía los derechos personales y colectivos como universales, es decir válidos en todo momento y en cualquier lugar, ya que pertenecen a la naturaleza humana.

Aunque no se hacía referencia a las mujeres y los esclavos, este documento tiene que ser considerado como precursor de los derechos humanos y constituyó el punto de referencia para la Constitución francesa, así como de muchos textos parecidos redactados en Europa y América Latina, por ejemplo la Convención Europea de los Derechos Humanos.
Una segunda versión, revisada y ampliada, fue redactada en 1793 y dos años después, en 1795, se escribió la Declaración de los Derechos y Deberes del Hombre y del Ciudadano.
En general los contenidos de este documento fueron el resultado de los pensamientos del Siglo de las Luces, en oposición a la tiranía de la monarquía absoluta que por entonces mandaba en toda Europa.
Además, esta declaración define como derechos naturales e imprescindibles del hombre: la libertad, la propiedad, la seguridad, la resistencia a la opresión y la igualdad.

Lástima, hoy en día, los 17 artículos que constituyen la base fundamental de los derechos del género humano, están negados en muchas partes del mundo, y por eso hemos pensado que sea bien recordarlos y dedicarles este artículo.

Irene, estudiante de prácticas en Tía Tula

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