martes, 20 de abril de 2010

23 de abril: libros y libertad


día del libroLo hemos visto muchas veces: los libros como icono de la libertad. De la libertad de pensamiento y expresión: de la libertad en términos absolutos. Y la destrucción o manipulación de libros, como síntoma explícito de control y de sometimiento. Ahí están “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury y “1984” de George Orwell, dos obras magnas de la Literatura Universal, para atestiguarlo. Ahí están las imágenes de soldados nazis antes de la Segunda Guerra Mundial convirtiendo montañas de libros en llamas y ceniza. No hace falta ser un genio, no, para ver una conexión entre los unos - como vehículos preferentes de ideas - y la otra. (Distinto es ya hoy en día, en que Internet ha tomado la delantera en ese papel vehicular preferente y los gobiernos dictatoriales se tienen que preocupar más por restringir el libre acceso a la red que por hacer desaparecer este o aquel tomo.)

Resulta muy curioso sin embargo observar cómo hitos representativos de ambos conceptos se dan sistemáticamente en una misma fecha, el 23 de abril, de una manera por completo casual (ya que son hechos del todo inconexos).
Como es bien sabido, un 23 de abril – de 1616 – era enterrado en Madrid Miguel de Cervantes, considerado por muchos el más grande literato español de todos los tiempos. Ese mismo día, en Córdoba, moría también el escritor e historiador peruano Inca Garcilaso de la Vega. De igual forma, el 23 de abril de 1616 (pero del calendario juliano, que regía todavía por entonces en Inglaterra, no del gregoriano que ha quedado después como calendario de referencia universal), fallecía William Shakespeare, figura máxima de las letras anglosajonas. Estas coincidencias sobrevenidas llevaron a la UNESCO en 1955 a declarar el 23 de abril como Día Internacional del Libro, siguiendo el ejemplo de España, que lo tenía ya como Día del Libro desde 1930.

Casi un siglo antes, el 23 de abril de 1521, se libraba en campos de Valladolid la Batalla de Villalar. Se enfrentaban los comuneros castellanos, un pequeño ejército mayoritariamente compuesto por campesinos, con las tropas imperiales del nuevo rey Carlos I, recién llegado de Flandes sin saber siquiera una palabra de castellano; el más poderoso rey europeo en aquel momento. Como no podía ser de otra manera, los comuneros fueron masacrados pero aquella lucha – suicida a sabiendas - por la libertad, por el rechazo a lo impuesto desde fuera, quedó grabada en los anales de la Historia. Y por ella se celebra en este día en Castilla y León, el Día de la Comunidad.

Otro 23 de abril, el del año 303, San Jorge, patrono de Aragón y Cataluña, así como de otros países y territorios (Inglaterra entre ellos), era martirizado y ejecutado por defender su libertad religiosa y no renunciar a su condición de cristiano cuando su césar, Diocleciano, le ordenó perseguir y dar caza a los cristianos del imperio. Después surgiría la leyenda de San Jorge y el Dragón, según la cual San Jorge se enfrentaba y mataba a un dragón que exigía sacrificios humanos a cambio del agua de un pozo; se enfrentaba a él cuando la siguiente sacrificada iba a ser una princesa, eso sí... Con esta leyenda se inauguraba un nuevo género literario: el de espadas, dragones y brujería. Libertad y Literatura de nuevo entrelazados. En Cataluña se conmemora a San Jorge (Sant Jordi allí) regalando en este día a los seres queridos una rosa roja, símbolo de amor y de pasión, junto con el libro de rigor.
Bueno, no está mal para una misma fecha, ¿verdad?

Llama la atención que en un país como Cuba, no precisamente pródigo en libertades, se celebre el 23 de abril, en lugar del Día del Libro, el Día del Idioma. Paradójico (¿y metafórico?), teniendo en cuenta que la diversidad de lenguas supone la mayor traba para la libertad expresiva absoluta de la Literatura.

23 de abril, libros y libertad. Leer para ser libres. (En Castellano, por cierto, “libro” y “libre” proceden de la misma palabra latina: “liber”.) Y si acabamos de decir que el idioma es casi la única barrera para una lectura universal, es obligado animar a todos los estudiantes de español de Tía Tula a hacer gala de su capacidad para superar esta barrera y a acudir el día 23 de abril a los soportales de la Plaza Mayor – exactamente los mismos soportales bajo los que los comerciantes salmantinos del siglo XVIII vendían sus mercancías – a buscar un buen libro en castellano. Por ejemplo, “La aventura de Miguel Littín, clandestino en Chile”, de Gabriel García Márquez, libro del que el gobierno militar chileno de Augusto Pinochet quemó al parecer todos los ejemplares de la primera tirada.

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